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ISSN 1989-4163

NUMERO 35 - SEPTIEMBRE 2012

Buscando el Sol en la Playa

Rosa Mª Ortega

Estoy negra. En parte por el betacaroteno de la zanahoria que mastico cada día, en parte por el bronceado solar. Y en parte por la baja moral que me inyecta buscar trabajo en verano. Pero también en parte porque llevo puesto un conjunto monísimo de shorts y camiseta negros que realzan mi figura. Y hasta aquí las partes, no vayamos a ennegrecer más, que luego hace sombra.

Veamos: ¿qué te cuento en septiembre? Pues qué te voy a contar: lo bonito que es el mar...con sus olas, su brisa, su calma, su orilla... La playa y sus playeros. Eso es. Mis días de playa. Te voy a contar mis soberbios y estupefactos días de playa, que han tenido mucha miga, burbuja y escozor.

La miga: no te digo más. A metro y medio de mí, cinco bocas comiendo migas con panceta de una sartén enorme, bajo una sombrilla más enorme todavía y sobre una toalla casi nada enorme: migas salpicadas de arenilla. Hay que tenerlos muy gordos por ovarios para llevar un sartenazo de migas a la playa, con sus cucharas correspondientes, y zampárselas en siete minutos y medio entre los cinco de una familia dominguera. Más el porrón de vino del abuelo. Lo llevo grabado en la retina. Esas cosas son como el dolor de parto: no se olvidan. Y eso que yo no he dado a luz, pero me contó anoche una amiga, que está de siete meses y ya tiene un zagal, que no se olvida y punto. Pues cuando me pregunte alguien por el dolor de parto, le diré: es como comer migas en la playa: hazte una idea.

La burbuja: ¿puedo decir “Fanta” y “Coca-cola”? Siempre me hago la almeja un lío cuando se trata de marcas, nunca tengo demasiado claro lo que puedo decir y lo que no. De todas formas, ya lo he dicho... El caso es que se plantan tres niñas con unas melenas lacias “Pantene pro-V” (ya estamos con las marcas...es que se me va, no lo puedo evitar: asociación de ideas) y sacan de la bolsa unos bocadillos, pero no llevan nada para beber, así es que se mantienen al acecho de los morenetes que van playa arriba playa abajo con una mochila de provisiones. Bueno, pues las niñas le compran a un morenillo una bolsa de patatas chip, y se la pagan. Y tú dirás: ese es un dato irrelevante, porque cuando uno compra algo, es evidente que lo paga. Si no, es hurto. Pues no, no siempre, porque las melenudas pagan las patatas, pero luego le suplican una lata de Coca-cola gratis, alegando que se deshidratan al sol y que sus cuerpos van a parecer chistorras sobre la arena si no echan un trago largo de algo con burbujas bien frío. Y el pelo. Sobre todo el pelo. Le enseñan las tres sus melenas al viento (aunque de viento nada, porque no corre ni cuarto y mitad de brisa) y le dicen: “Anda, danos una lata de Coca-cola para el pelo, que se nos van a secar las puntas...”. ¿¿¿¿ ???? Yo, que en ese momento ya he dejado de leer el libro que me he llevado a la playa, las miro. A ellas y al moreno, que está diciendo que NO con la cabeza, pero ya se ve que va a terminar dándoles de gorra una lata fresquita, porque no para de sonreír con cara de obtuso y de mirarle el canalillo a una de las tres, que debe de usar la 100. Lo veo venir: 2 minutos más de embelesamiento con las tetas y ya tienen una Coca-cola en sus manos por la patilla. Estoy por pedirle yo otra, pero enseguida desecho la idea, porque uso la 85-90, y con eso no tengo ni para un botellín de agua, seguro. Latas de refresco sincronizadas: al tiempo que el moreno les da una Coca-cola al trío “Pantene”, pasa una cuarta niña y deja caer una Fanta vacía, le da una patada y la entierra en la arena. A punto estoy de levantarme de la toalla y abrazarla acaloradamente en agradecimiento a ese gesto tan bonito y esa conciencia ecológica que le sale por las orejas, pero tengo ya demasiado calor y no me apetece un plus innecesario. Mientras lo pienso, como esa niña también usa la 100, un espontáneo de playa aprovecha y le dice: “¡Rubia!” (en realidad, le está diciendo “¡tetas!”, porque no le quita ojo a las mamas, el pelo ni se lo ha visto, si le pusieran una venda en los ojos y le preguntasen de qué color es, no tendría ni pajotera idea, te lo digo yo). En fin, le dice: “¡Rubia! Si la riegas todos los días (la lata), crece un árbol con Fantas.” Y se cree el tío más gracioso de la playa, de aquí al chiringuito.

El escozor: ¿Alguna vez te ha picado una medusa? Peor: ¿Alguna vez te ha picado una medusa en las nalgas? Un tropel de medusas con la sola idea de clavar en mi trasero cientos de tentáculos cargados de células urticantes. La quemazón de un aparentemente inofensivo organismo gelatinoso que, si lo buscas en wikipedia, dice: “las medusas aparecieron hace unos 500 millones de años”. ¡Pues podían haberse quedado donde estaban! Lo que es por mí, podían no haber hecho acto de presencia en el planeta oceánico en ningún momento de la Historia. En serio, no hacía falta que apareciesen. No hacía ninguna falta. Con los pececillos ya vale. Esos ya cuentan como fauna marina, no te digo... A ver por qué tuvieron que aparecer las medusas, si ni siquiera tienen cerebro, ni esqueleto, ni extremidades... Alguien debería haber escrito un tratado biológico antimedusa, no sé a qué esperan para hacerlo. Estoy muy muy muy muy cabreada al respecto, y no pienso tolerar que digas que la medusa es una de las criaturas más bellas que habita en los mares, porque cuando te pique una medusa en el pandero, vas a retirar ese comentario de tu boca en menos que canta una gallina. ¡Y el próximo verano, me voy a ir al río! Que allí sólo hay truchas. ¡Vamos, hombre! ¡Me llevo una caña y pesco! ¡Que para eso me estoy empollando 2 libros de pesca en agua dulce! Habrase visto...

Si es que estoy negra...

Buscando el sol en la playa

 

 

 

 

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